No es ninguna exageración el nombre de "Islas Encantadas",
la magia que se vive allí es única y real.
Hace exactamente un año tuve la oportunidad de conocer y disfrutar la increíble belleza de Galápagos. Desde el primer momento que puse un pie fuera del aeropuerto de San Cristóbal, se podía respirar aire puro. Mi querida amiga, y anfitriona, llegó a buscarme en su bicicleta todoterreno. Hubiera sido muy cómico ir en la parte de atrás, debido a mi equipaje y al poco espacio, así que optamos por irnos en taxi-camioneta.
Ni bien terminamos de acomodar las cosas en su apartamento, comenzó la aventura. No había tiempo que perder. Recorrimos los lugares que estaban relativamente cerca: La Lobería, Cerro Tijeretas, Punta Carola y Playa Mann. Fue una excursión divina. No hay nada como ver a las pequeñas aves tropicales escondidas dentro de las formaciones rocosas (para protegerse de las fragatas, según tengo entendido) o a los lobos marinos, tan acostumbrados a la presencia humana, posando ante las cámaras.
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| (Foto: Elena Gutiérrez) |
El itinerario de la mañana siguiente era mucho más complejo y tenía que aventurarme sola, puesto que era lunes y mi amiga tenía trabajo. A última hora se animaron a acompañarme dos amigables turistas con las que compartí el día anterior. Fue preciso alquilar un carro y llevar muchas provisiones. Si sabes regatear, consigues a buen precio una persona que te traslade a cada lugar, te espere y luego te dirija hacia el siguiente punto previsto.
Comenzamos la jornada en la laguna El Junco (lugar que llama la atención por su magnífica vegetación e impresionante vista), luego fuimos a saludar a las tortugas de La Galapaguera y llegamos hasta Puerto Chino. Esta playa me cautivó con esa belleza que podría describir como celestial. También precisamente aquí pude apreciar muy de cerca a mi especie favorita: los piqueros de patas azules.
Al siguiente día salí al encuentro de unos amigos, quienes acababan de llegar a la isla. Con ellos me fui a Santa Cruz. Era algo que no estaba dentro de mis planes pero fue lo mejor que pudo pasar.
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| (Foto: Elena Gutiérrez) |
Para movilizarnos utilizamos el servicio de barcos turísticos. Son pequeñas embarcaciones que parten todos los días desde que Puerto Baquerizo Moreno. El trayecto dura aproximadamente 3 horas y si no llevas pastillas para el mareo, puede que la pases fatal. El ticket de ida y vuelta no es tan barato pero vale la pena hacer ese gasto. En mi caso tenía hospedaje asegurado en ambas islas, gracias a las lindas amigas que me recibieron.
En Santa Cruz vivimos dos días súper maratónicos. Visitamos la reserva de tortugas gigantes "Rancho Primicias", exploramos la zona de Los Gemelos (estos son unos hundimientos de cráteres originados por una serie de erupciones cuando las islas aún estaban activas), fuimos a la maravillosa Laguna de las Ninfas y por supuesto a dos lugares que moría por conocer: Tortuga Bay y Las Grietas. ¡Me quedé fascinada con todo! No puedo explicar con palabras todo lo que sentí.
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| (Foto: Elena Gutiérrez) |
Sinceramente, a pesar de saber a lo que iba, no imaginé que llegaría a caminar, caminar y caminar tanto. Al finalizar el viaje, prometí convertirme en una chica fitness para que distancias así no vuelvan a pasarme factura nunca más. Hoy, un año después, sigo igual de flaca y de floja. No he cambiado mi estilo de vida. Me duró un suspiro el compromiso.
Regresé a Guayaquil con el espíritu lleno de gratitud y el corazón feliz a más no poder. Como si fuera esto poco, en el aeropuerto me esperaba mi enamorado con una sonrisa gigante, un cartelito improvisado y muchos abrazos guardados.



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