Enojarse con alguien es algo normal, el problema surge cuando reprimes esta emoción y no la exteriorizas. Es importante hablar. Ante alguna situación desagradable, muchos se quedan callados, quizás por miedo, timidez, comodidad, vergüenza o simplemente por evitar malos entendidos, y no se dan cuenta del daño que se están haciendo a sí mismos.
Expresar lo que realmente se piensa, sin “pisar” al otro, no siempre resulta fácil. Tal vez sea penoso —mucho más si hay un lazo fraterno con la persona en cuestión— porque sientes que de seguro, pese a todo tu esfuerzo, no le va a gustar lo que le tengas que decir; no obstante, es necesario hacerlo en el momento oportuno. Y bueno, si fuiste muy crudo, es más fácil solucionar un problema por algo dicho sin tacto, que curarte de un resentimiento guardado por mucho tiempo.
Algunas veces funciona el 'callar y dejar pasar' pero no siempre es bueno; no todos los casos son iguales. De nada sirve apostar por el silencio, si tu intención no es virar la página y avanzar. En el fondo, hay quienes creen, que su enojo está justificado y que mantenerlo guardado es un mecanismo efectivo para evitar algún roce futuro con la persona que la ofendió. ¡Qué grave error!
Cuando sientas que debes decir algo, hazlo. Y si no te sientes preparado, no cometas el error de hacer como que todo está bien con esa persona para ver si así se te pasa. Eso tiene consecuencias fatales. Un día, te puede ocurrir lo de Juanita, que de súbito, con la mínima excusa, y sin que pudiera evitarlo, le escupió todo su veneno acumulado a esa persona que tanto quería.
Es importante hablar con la verdad desde el principio. Trae grandes beneficios:
- Nos permite ver las cosas con claridad.
- Nos ayuda a tomar decisiones sensatas.
- Nos regala armonía y buena comunicación con nuestro entorno.
- Nos ayuda a tomar decisiones sensatas.
- Nos regala armonía y buena comunicación con nuestro entorno.
En definitiva, nos hace sentir livianos mientras fluimos por la vida como olas del mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario